Es inmemorial la sensación de sentirse en el paraíso. También lo es la sensación de sentirse expulsado. Tandil, de a poco, pierde brillo en su pátina de “lugar soñado” y entra de lleno en una realidad que no le es ajena, desde hace mucho tiempo, pese a los esfuerzos publicitarios y políticos puestos en esconder las evidencias.